Los extraterrestres están cerca. Muy cerca. Pero hemos de colegir que cada vez menos.
A principios de los años XX, los alienígenas mantenían una avanzada pero discreta civilización en nuestro hoy desierto satélite. Desde XX hasta XX, toda una rigurosa literatura nos acercó a nuestros distantes vecinos lunáticos, sin molestarles demasiado; mientras ellos se sentían seguros.
Pero no todo el espacio es orégano; y cuando el tráfico de sputniks comenzó a hacerse insoportable, llegando la humanidad incluso a amenazar con la colonización de la Luna, sus habitantes hicieron las maletas y se marcharon, justo a tiempo de que el señor Louis Armstrong, viese partir los últimos cohetes y consiguiese incluso realizar fotografías que han sido increíblemente pasada por alto en los principales medios de comunicación debido a los archiconocidos, catalogados y requeteanalizados intereses ocultos.
Recalaron los lunáticos en Marte, regenerando costosamente su sociedad. Pasadas cuatro o cinco generaciones, y ya adaptados física y espiritualmente al planeta rojo, comenzaron a considerarse marcianos. Incluso montaron una plataforma, viéndolas venir, llamada "Marte para los Marcianos", pancartándola con "Voyager Go Home" varios, que lo vi yo en el Más Pallá que Pacá.
Pero ahi va que nos empezamos a acercar, y a acercar, y a acercar... y se tuvieron que largar otra vez. Ahora están en una luna de Júpiter, creo. Y dispuestos a largarse a Alfa Centauri si hace falta.
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No obstante, debo considerar que Federico Jiménez Losantos ya aburre. Antes era divertido: te cabreaba tanto si estabas de acuerdo con él como si no lo estabas. Pero empieza a aburrarse y aburrirme.
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Además, los franceses son unos quejicosos por lo del contrato de primer empleo. No me hagáis mucho caso. Soy enemigo de ésta opinión y la comparto. Es que me da igual porque no soy francés.
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Y es importante que las ministras y presidentas sean monas, como la tipa esa de Ucrania. Le da color a una vida política generalmente abúlica y tediosa.
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Y no me he lavado los dientes esta mañana.
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Y me muero de sueño.
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Gl.
¿Por qué las pirámides de Egipto no tienen pelo? Todos sabemos de la función canalizadora de energía de las mismas(...) También se sabe que los antiguos egipcios se afeitaban la cabeza. Es cierto que las castas nobles cubrían sus cráneos con ciertos tocados, pero no lo hacían los sacerdotes, conocedores del meollo del asunto. ¿Y por qué el llevar melena durante mucho tiempo facilita la pronta caída del cabello? “Donde hay pelo hay alegría”: Expresión confusa basada en un error común (el vello, púbico o no, no es cabello, al que nos referimos), y utilizada por los jípis en su labor corruptora del buen fluir de las energías. Esto puede no parecer tan evidente si no se tiene en cuenta que bien podrían decir “follar mola”, o bien, en aras de no perder matices e incluso añadiendo una de esas rimas que enricuecen sus consignas y de las cuales carece la fórmula original, “follo y huelo, cómo molo, y con mis piojos nunca estoy solo”.
