... en algo importante puede ser una puta mierda, inconmensurable y hedionda. Y si no, que se lo digan a los chicos de ARP-SAPC, ahí, dale que te pego, en la brecha siempre, y siempre, a ratos más o menos, sintiéndose mal. Partiéndose la tecla, sintiéndose impotentes y eternamente vencidos por los siglos de los tiempos y amén; porque vencidos están y estarán. Pero están, los tíos.
Llegando a tiempo, en unos pocos casos, de echar una mano vital a gente como yo, que eché un vistazo al panorama en determinado momento de mi preadolescencia, y les ví ahí, leña al mono, contra los malos y tontos. Y enseguida me di cuenta de quienes eran los malos y tontos.
Y superando el ejemplo, ¿sabéis de qué hablo? ¿Conocéis ese sentimiendo, la impotencia, tan puñetero? ¿Ese saber que tienes razón, pero que hay quienes parecen incapacitados fisiológicamente para comprender? No hablo de el deseo de imponerse al contrincante, sino de blandir algo cierto como bandera, mostrando suficientemente alto y claro el pendón para que se rindan ante él, y no ante ti. Tsch, tsch.
Bueno, no. No puedo estar seguro del todo de que sepáis exactamente a qué me refiero (no estoy aquí leyendo contigo, yo estoy en otro sitio), porque hablo de cuando, además de pensar que la tienes, sabes por qué la tienes. Y, en consecuencia, no puedo estar seguro de que quien lea esto sabe de qué hablo, porque la cosa va de una sensación que mucha gente tiene muy a menudo, pero que no siempre se corresponde con la realidad.
Sólo algunos han sentido esto, y sólo algunas veces lo han sentido. Porque si eres de los que dicen que sí, que lo oigo muchisisisisíííísimo, puedes ser un jilipollas (entonces no sabes de qué hablo), un loco (entonces puedes creer saber de qué hablo), o Dios (y entonces no existes).
Excurso: No sé quién está leyendo en estos momentos, y hay una gran cantidad de probabilidades de que sea un imbécil. Cuestión de estadística. ¿No debo seguir escribiendo, pues?
Rexcurso: Aunque si comparamos la blogosfera con la calle, las posibilidades quedan reducidas... mmm... sí que sigo, sí que sigo. Creo que la densidad de jilipollas es algo menor.
Y te dicen: "...esa es tu opinión..." "..relativo..." "...cuestión de opiniones..." "...respetar todas las opiniones...". Hay opiniones que no se pueden respetar, aunque se puedan tolerar, incluso con una sonrisa.
En ocasiones, muchas, pero muchísimas, me he descubierto a mí mismo blandiendo una verdad más como sable que como bandera. Pero no es lo que pretendo, y juro que no siempre es así. Mi odio, mi desprecio y mi asco hacia la humanidad, como hacia mí mismo, nace de un amor profundo hacia ambos. Mi ombligo y mis congéneres, a quienes tanto y tan obsesivamente observo, me gustarían (y me gustaría que me gustasen) si fuesen como yo los pinto en mi cabeza.
O eso quiero creer. Que es una cuestión de amor antes que de odio. Pero casi nunca tengo la seguridad hasta pasado mucho tiempo.
Empiezo a pensar que me hago viejo. Cuando alcance el cuarto de siglo voy a ser insoportable. Plus ultra non potest pero lo que se dice ni a posta.
Negaré siempre que he escrito todo esto. Empiezo a pensar que me hago viejo.


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