... en la camilla, con el cuello desgarrado, el paladar atravesado, sin poder respirar. Escupiendo sangre sin parar. La he conocido así hace un rato. Seguramente era buena gente. Seguramente merecía la pena conocerla. Era una perra guapa.

Un perro le ha mordido. Mucho. No sé si se ha defendido, valiente, o se ha rendido, aterrorizada, porque nadie le había hecho daño nunca y ella tampoco había dañado mas que jarrones, y la pobrecita no sabía que los dientes servían más que para morder y jugar.

No puedo evitar pensar en la ingente cantidad de gente que debería morir para que el mundo fuese algo más molón. Y me fastidia pensar que ese perro, el que la ha atacado podría haber ocupado mejor sus dientes.

Mi mujer está intentando salvarla. Suerte, cariño. Si se salva, te querré todavía más.

Yo nunca he matado a nadie.