En todo lo que no hago
nunca me podré mirar.
Montañas de escombra hierva.
Mi mirada es suficiente
para que no mires más.
Te he calado, niña mía:
si te rezo tú me olvidas;
si me escondo sólo miras
porque no tienes cojones pa buscar.
Tanto estoy hasta los huevos
que me encono
y me cabreo
y me amedrento
al mismo tiempo.
No me creas si te miento
pero calla si te digo
que te quiero;
porque sincero, lo que se dice sincero,
sólo lo soy en ese momento.
[.]
Echando a andar
y perdiéndome por dentro
del camino eterno
voy a matarme un día de estos.
Pesadilla de lucidez
con que miras a los lados
sin ver.
No escuchas más que
todo lo que no dicen los demás.
Te repatean y repateas
como a nada ni a nadie.
Encuentras cunetas y desaires, disfrazados
de personas y de aceras.
Pesadilla de lucidez.
Pesadilla de lo que arrogas tener
porque es todo lo que crees tener.
Enciende alguna luz, camarero,
que estoy solo bajo la barra
con el Calamaro dando la tabarra.
[.]
Ahora que he vuelto a ser feliz
y ya sé revolcarme en la mierda
quiero andar como un judío, echando cuentas.
Zorra, te quiero.
Estar por estar,
con miedo a terminar,
frío y frío y mas frío... así estás,
a punto de vomitar.
Quiero andar sufriendo.
Quiero estar sufriendo ya,
Sin miedo y sin ná.
Te quiero.
[.]


menos mal que hay gente como tu que escribe sin almibar... que estoy harta de poemas llenos de rimas que no dicen nada...
Zorra: te quiero.
Qué tiempos, más malos.