Me pillas lejos, en todos los sentidos. Te escapas. Y esta noche he soñado con sonrisas de caramelo, y me he levantado empachado y con ganas de vomitar. No he soñado golosinas para no tener que darte. No he buscado el norte porque quedas más o menos por ahí. Y cada vez tengo más ganas de vomitar. Creo que te vomitaría a ti. Fíjate, con lo mucho que te quiero.

No se sabe, y digo no se sabe, - no he escrito que no saben, ni que no sabes, ni que no sé - lo cursi que puedes llegar a ser. No está escrito el torrente de babosa y diabética y saturante imbecilidad impertinente del que soy capaz en determinados siglos. Arrepiéntete o ten suerte. Cuando tienes suerte no hay de qué arrepentirse.

Hay pistolas
que descargadas se me encasquillan.
Amapolas
son las escamas de la farlopa.
Me sale el tiro por la culata
desde que cambio tiempo por droga.
¿Ya te han dicho
que eres tonto y que
no sabes lo que trovas?

Par, par, impar y falta, y pasa también. Tal vez deba... ya no queda. Ya está muerta. Ya no hay más... y es que así será esta noche. Tal que así me aguarda el alba. Toarrejunto y rejuntao. Sin tener ni puta idea. Y sin ganas. Ni saber. Ni esperar nada.

Tardo demasiado en olvidar que me he separado de ti. Es necesario un período de adaptación mental muy imbécil. Muy, muy imbécil.

Me agarro de la almohada con los dientes.
Ya la morfina nunca es suficiente.
Te huelo detrás... y delante veo a la muerte.