No hace mucho que nos descubrieron cómo, químicamente hablando, nuestros cerebros enamorados funcionan como nuestros cerebros neuróticos o psicóticos. Que lo que pasa neurotransmisorialmente no es distinto en un caso que en el otro. Uséase, que el amor, o más bien el enamoramiento, viene a ser algo así como un desorden obsesivo compulsivo. Lavarse las manos una y otra vez, observar algo, observar a alguien, desear constantemente besar y tocar a alguien. Cosas parecidas.

¿Acaso todos los enamorados son enfermos? ¿No son demasiados enfermos mentales? Dirás, aferrada, quizá incluso aferrado, al ideal espiritual y espirituoso. Pues sí, ¿qué tiene de raro? Podemos fácilmente entender que: las personas del sexo opuesto (usualmente) son lo más importante para las personas; en consecuencia, la neurosis más común y extendida tiene como objeto a esas personas.

Sabe pues que tu cerebro y tus hormonas, más que tu mente y tu alma, son los responsables.

Ahora respira. Luego, mantén el aire quieto. Para, y piensa. El aire está dentro de ti ahora. Exhala el resultado de lo que ha pasado en tus pulmones, muy despacio. Si te concentras, al espirar puedes advertir cómo ese excelente desorden obsesivo compulsivo que presentas ha un tiempo, con él o ella o ello como objeto, y que está presente también en tu sangre, vuela junto a otras substancias. Concéntrate en pensar que está ahí, y que casi puedes tocarlo.

Cuando no crees en el alma. Cuando sientes cómo lo que fluye por tus venas es sangre, que estás hecho de carne; cuando sientes tus pies apoyarse en el suelo, y eres consciente de que eres tu cuerpo, ésta se convierte, o al menos, para mí se convierte, en la forma más bella de ver eso que llamamos amor / mariposas en el esófago / estupidez / neurosis / etc. Encuentro más poesía ahí, incluso, si me pongo fino.

P.D.: Un poquito más sobre el asunto.