Lo cierto es que la portada de Homo Webensis me ha estimulado el motor un poco. Lo demás da bastante bostezo.

Oh, el avión del ministril de Defensa ha aterrizado fuera de pista. Y alguien ha dicho que no le da más dinero a alguien. Booostezo.

Pues me da igual. Soy muy feliz. Porque esta noche, en Vera (Almería), a las 20:30, cantamos de nuevo nuestro programa estrella de este año para Ars Mvsica, el Principes Terrae, y de verdad que me hace muy feliz y que me canto encima ya a estas tiernas horas de la mañana. Música heavy del renacimiento, como ya dije, de la que a mí me la pone dura. Habrá un momento supremo en que el narrador narrará cómo, con lágrimas en los ojos, Carlos V abdicó y se retiró, sintiéndose enfermo y derrotado, triste por haber fracasado al intentar cumplir su misión cono honor y valor: equivocado, en mi modesta opinión, al sentirse fracasado. Cuando el narrador acabe, nosotros derrumbaremos la iglesia entonando una alabanza al gran rey, la brutal maravilla llamada "Carole Magnus Eras", escrita por Jacobus Clemens Non Papa. Juro por todos los demonios del infierno que pondré mi yugular al viento si queda una sola puta piedra de la iglesia en la que cantaremos.

He entrado en este coro en el mejor momento posible: el Principes es música antigua, pero no consta de motetes soporíferos e inacabables y superfinísimos y cultos de la muerte, sino de música destinada a impactar, enardecer y enaltecer: música para reyes y mecenas. Eso a un viejo heavy como yo le ayuda mucho.

Y además preparamos un programa de música contemporánea, lo nunca visto por los buenos chicos de Ars. Pero ojo, que no es sólo un programa de música contemporánea: se basa en las obras de - y será dirigido por - un hombre conocido hoy sólo en su entorno, pero también alguien a quien, a buen seguro, se recordará mucho y por mucho tiempo: Manuel Soler Tenorio. Que es mi amigo y un compositor genial, y del cual poseo el primer autógrafo.

Hoy, retomando el Principes, recordaremos a un puñado de hombres que llevaban sobre sus pequeños hombros el peso de la Historia. Que todos los hombre y mujeres de bien nos deseen suerte.

Las espadas y armaduras me ponen, sí. Qué le vamos a hacer.