Trataré de ser escueto.

Fui uno de esos muchos miles de votantes de castigo. Voté contra el Partido Popular, depositando mi voto por el Partido Socialista con un sabor agridulce: con la sensación de que me habían obligado a votar por un mal menor. Lo hice desde la visceralidad, porque desearía ver entre rejas y penando a algunos altos cargos del PP, por lo que ocurrió durante algunas de las crisis, aunque les valoro mucho el valor de hacer política contra muchos en algunas ocasiones durante su primera legislatura, y durante el primer año y pico de la segunda. Así que voté en su contra. Y fui de los que dieron saltos de alegría en el sofá al ver el resultado de las elecciones. En ese momento pensé "disfruta ahora, que ya te ciscarás en las urnas"; no pensé que fuese a gustarme tanto lo que iba a pasar en adelante.

Estos crispados días, veo como una ingente cantidad de estúpidos, acartonados, sinvergüenzas, meapilas, hijosdeputa y bastardos - por los que siento profundos desprecios - se enfadan mucho con ZP. Y van consiguiendo que, poco a poco, me caiga cada vez mejor. Veo una campaña de acoso y derribo que se manifiesta con igual virulencia siempre; independientemente de que esté apoyada en errores, aciertos, desmanes o incoherencias del gobierno ZP. Y toda esa indiferencia hacia la realidad, hace que me sienta menos culpable de escorarme cada vez más hacia el partidismo, sin ser militante, seguidor ni simpatizante de partido alguno. De nunca.

Hoy por hoy me alegro de los matrimonios entre homosexuales, de que la Religión no compute, de los asuntos adelantados en inmigración y discapacitados, de que haya más canales de televisión, por mucho que sean de los coleguis de ZP, de que la COPE y la Iglesia estén enfadadas, de que haya políticos en el gobierno declaradamente ateos, maricas, etc... ¿que son cosas que no me afectan realmente? ¿Que deberían importarme la economía o la política internacional? Pues no, mientras no haya grandes sustos en esas dos áreas, me la bufan. Todos esos asuntos sociales me hacen sentir (mi "sentir", importante, verdadero objetivo político) que vivo en un sitio un poco mejor.

Yo vivo en un mundo de potencialidades, de gente que tiene opciones o no, que se relaciona, que cree o piensa o fuma o caga, más que en un mundo de recursos, tanques que no he visto y mandangas varias. Veo el mundo a través de los medios y de la gente que me rodea. La gente es el mundo, y el resto es, generalmente, fondo.

Cada vez me siento más bandarra, por tanto. Por muchos sapos que pudiera echar contra el gobierno por mero placer de echar sapos, que me encanta, es que hacen que no me apetezca. Tengo la sensación de que el otro bando me expulsa, dejándome entre dos fuegos, con escasa compañía, tan sólo pudiendo encontrar cobijo en la trinchera enemiga. El calor está ahí, y resulta difícil no sentirse cercano a él.

Creo que nuestras democracias occidentales son hoy el simple arte de extraer el beneficio público de los vicios privados. No considero a ZP un superhéroe. No creo que el Partido Socialista sea esencialmente muy distinto del Popular, y en consecuencia despersonalizo el éxito. A día de hoy, no sé si mis gobernantes son grandes estadistas. Me hago ligeras, pero sólo ligeras, ideas. No me planteo tampoco en demasía si lo son, porque ni sé ni sabré qué pasa en los despachos, como no sé qué porcentaje de "hacer lo correcto" y qué porcentaje de "mi nabo ha de regir" hay en cada acción, en cada intervención. No me sirve de nada plantearme eso. Sé a quienes no quiero ahí y sé que los "asuntos sociales" de los que se están ocupando me ponen una sonrisa en la boca.

Y las manifestaciones de kikos y opusinos preocupados porque los matrimonios gays sodomizen a sus hijos y les quemen los libros de familia me hacen sonreir de placer, y pensar: JODEOS. Me encanta pensar "jodeos", y ponerme en el bando contrario a pensar "estamos ganando".

Lo que me importa es que, hoy por hoy, me gusta lo que está pasando.

Ya repasaré el texto a ver si me he explicado bien. Ahora me tengo que duchar para ir al curro.

[...]

Hoy apenas he abierto los periódicos. Los he abierto, ojeado en dos minutos y vuelto a cerrar. Pero me he dado un baño bloguil en su lugar. Desde las 6:45 hasta ahora mismo, las 8:05, llevo leyendo, atenta y metódicamente, los 70 blogs cocteleros que tengo en carpetas de favoritos de mi Firefox, así como los otros tantos que tengo de otros lares. Viene bien, de vez en cuando.