Declaré la guerra en el Primer Reino hace dos días.

Vencidos los dos clanes vampíricos más poderosos de nuestra tierra, los Colmillos Negros, el tercero en liza, se ha fortalecido considerablemente. En gran parte, lo ha hecho gracias al Pacto de No Agresión (PNA) que manteníamos: decenas de vampiros a quienes acosábamos día sí y día también corrieron bajo las faldas de su líder, Athalma, para ampararse en el PNA y que dejásemos de saquearlos.

Mi intención inicial no era declarar la guerra, sino simplemente declarar nulo un pacto que heredé y que carecía de sentido. Pero la brutalmente jubilosa y brutal reacción de mis súbditos, un atajo de bandarras que no saben dejar las garras quietas ni durmiendo, me hizo bajar a la tierra: tras el levantamiento de la prohibición tan sólo podía esperarse que se lanzasen como bestias contra lo único que nos separa de dominar el Primer Reino.

Aglarond, mi Mandoble, aún no está listo: se levantará durante la guerra.

Pero no temo por el curso de la misma: encabezados por Logan, mi Príncipe y heredero, los Talones Rojos se han lanzado a una masacre de Colmillos Negros de enormes proporciones. Y no han hecho, en absoluto, más que empezar; y tan sólo unos pocos de ellos. Logan se ganó la medalla de Flagelo de Colmillo Negro apenas unas horas después de la ruptura de la tregua, tras obtener treinta victorias, y otros le siguen con el más hermoso fervor homicida. No podía tener mejor heredero en esta eterna lucha contra las hordas del Wyrm.

Seguiré informando.

Edam, Hijo de Fenris.
Rey de la Tribu Talones Rojos.