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Terra
La Coctelera

El IV Reich: porfa, venga, vaa... (I de un capazo)



Pues la tela es que he vuelto hace poco de Florencia. Firenze. Y si arrejunto mis pequeñas experiencias turísticas de los último años sólo puedo sacar en conclusión que lo mejor que le puede pasar a ésta nuestra Europa es que los alemanes nos conquisten a todos a fin de instruirnos en la eficiencia y las cosas bien hechas. De hecho, desearía que, concretamente, sobre sitios como Italia, lanzasen un ataque bacteriológico que acabe con la mayor parte de la población, respetando su patrimonio artístico. Sobre España también, por supuesto.

Digo alemanes, conste, como podría decir holandeses o noruegos, que suenan menos a nazi pero me valen igual porque también hacen las cosas como manda la lógica más básica y el menos común de los sentidos. Pero como considero que esos no van a conquistar nada nunca porque no tienen huevos, pues echo mano de Alemania que tienen como más experiencia en genocidios y cosas de esas majas. Es que no veo yo a una horda de rastafaris fumados conquistando europa, por muy civilizados que resulten a la hora de la verdad, no tienen sentido de su responsabilidad para con los pueblos inferiores como el nuestro. A ver si los catalanes se secesionan de una puta vez y nos invaden, al menos. Yo sería un feliz colaboracionista con los Invasores Deskuadra, o como carajo se escriba.

A ver, que iba yo diciendo, sobre mi viajecillo a Italia:

Obviando el hecho de que los italianos consideran que el color del semáforo es una opinión (tan respetable como cualquier otra, pero no más) o que si las autoridades deseasen realmente que se respetasen las marcas de la carretera pondrían tabiques en vez de esas enclenques rayitas pintadas... obviando ello, digo, me dolió el corazón en Florencia.

No hay un puto árbol (sólo en un jardín enorme pero que no es nada del otro mundo y que está tapiado y hay que pagar) y está de mierda hasta las cencerretas. Además, está urbanizada con el ojete, hasta el punto de que el cupulón de Brunelleschi en el mismísimo Duomo apenas se ve desde una puta callejuela adyacente, los edificios están a tres pasos de la pared y no podrían ser más feos ni cagándolos.

Vas andando, y viendo el mapa te gotea el colmillo viendo ese pedazo de Palacio Medicci Ricardi... pero pasas la calle de un lado a otro y no ves una mierda. ¿Ande carajo está? Tiene que estar por aquí, a ver... ay sí, hostias. El cartel, claro.

Resulta que ves el cartel, en tu misma acera, y realmente estás viendo el susodicho palacio. Pero como la acera de enfrente está al lado, si quieres ver la fachada o te compras un helicóptero o acabas con tortícolis.

- Es que a lo mejor los edificios que hay alrededor también tienen valor artístico.

No, no son antiguos, mi estimado y siempre oportuno falso lector: son feos y viejos de cojones. No valen una mierda. Lo que pasa es que a los italianos les da pereza tirarlos. La Iglesia de San Lorenzo tiene un edificio adosado más feo que un cáncer de almorrana y la Iglesia del Carmen está en una plaza igualita a la del pueblo más feo que se te ocurra. Al Palacio Pitti al menos le han puesto una plazita medio apañada, pero realmente también es una puta mierda.

Además, Italia, potencia económica mundial (la última vez que tuve noticia era la quinta), no tiene infraestructura energética para abastecer una Florencia con aires acondicionados. Muy fuerte. Resulta que hace tres años, con la ola de calor, les dio por ponerlos y les petó la luz. Manda cojones.

Continuará, continuará. Pues no me queda nada por esputar.

Odio las terrazas en verano



O por lo menos las odio hoy. Tras apenas media hora sentado, mirando pasar a la gente, siento unas tremendas ganas de apagarme. Plácidamente, claro, o sea, lo que se dice apagarme bien, sin sufrir. Pulsar un botón y dormir.

Pasaba la gente sin parar. Uno, otro y otro, con diferencias casi imperceptibles, como olas; o como granos de arena, apenas diferentes por el color. Pero no es eso lo importante, pues no me molestan sus uniformes ni su uniformidad: eso sólo los hace más cómodos o monótonos - según el humor - de contemplar. Lo duro es que pasaban y pasaban, y pasaban, y volvían a pasar. Y no había ninguno que fuese el último. Tras alguien con cara de furgón de cola, sólo pasaban unos segundos hasta el siguiente mamarracho o la casquivana de turno doblando la esquina. Y así, siempre, siempre. Todo el rato, sin visos de acabar. He mirado un par de veces sobre los edificios del fondo, anhelando percibir un leve fulgor de fosforescencia radiactiva bañando el cielo; una aurora mortal a la que siguiese un tsunami amarillo volatilizando los edificios, avanzando hacia mí para abrazarme, librándome de ese populoso e infernal bucle.

Ha sido una media hora de espera horrible, y si no me he levantado ha sido por no adelantar el momento de convertirme en zurullo a la deriva, movido por las olas. Yo sabía que ni siquiera cuando yo desapareciese iban a dejar de romper contra bares y portales. Pero al final me he unido, y he fluído con la cabeza gacha y cara de jilipollas; agarrando a mi perrita, en mis brazos, como si fuera un flotador.

La banda sonora de mis más dulces sueños genocidas



Voy a cantar Carmina Burana, voy a cantar Carmina Burana, voy a cantar Carmina Burana, voy a cantar Carmina Burana, voy a cantar Carmina Burana, voy a cantar Carmina Burana y voy a cantar Carmina Burana.

Es mi sueño más recurrente. El más prolongado. Soñaba con estar en ese coro antes de que tuviese la más mínima esperanza de poder juntar mi voz con la de otros salvo para jalear a Manowar.

He aquí una buena forma de escuchar algo más de esta maravilla, aparte del famosísimo "O Fortuna". Pero es que ese canto desesperado con que comienza y acaba la obra, entre suplicante, iracundo y adorador, es la mejor música escrita jamás para acompañar a la pasión y a la muerte. Y gracias a Dios es lo suficiente famosa para que se trabaje sobre ella fuera del circuito snob. ¿Te gusta jugar al Counter Strike? Hay más que O Fortuna en la obra: mira. ¿Te gusta el patinaje artístico? Otro baile de por ahí, con otra parte. Pon la obra entera mientras echas un polvo de una hora.

Hay quien la menosprecia porque no es la obra más compleja jamás escrita. Y también porque le gusta a todo el mundo. Bueno, en realidad sólo le disgusta a gente que es genéticamente inferior y merece ser eugenesiado a machetazos en el orto, claro. Creo que sería el primer baremo de mi selección eugenésica.

Voy a cantar Carmina Burana, voy a cantar Carmina Burana, voy a cantar Carmina Burana, voy a cantar Carmina Burana, voy a cantar Carmina Burana, voy a cantar Carmina Burana y voy a cantar Carmina Burana.

Se viene diciendo...

... que las cosas buenas son "divertidas". Es curioso. Cantar es bueno. Bueno para la felicidad. Ayer lo pasé bien, en realidad. Entre canción y canción hubiese deseado rajar cuellos a mansalva. Pero mientras cantaba no me sentía mal.

Es como cualquier otra actividad física, que resulta placentera en sí misma y produce placer sin intermedio intelectual. Produce placer porque sí. Un "Fa" hace vibrar mi escroto, y eso me da gustito. Mola y punto. No hace falta esperar a la reacción de nadie, ni al juicio de nadie, ni medir lo que estás haciendo con ninguna regla. Mola y ya está.

Cuestión de principios



Estoy en contra de los principios, creo. Pero no es una cuestión de principios, porque siempre contemplo la posibilidad de hacer una excepción. Es más bien una cuestión de subsiguientes.

De hecho, las firmes convicciones así, en genérico, como tales, me dan risa floja. Muchas pueden ser bellísimas, pero si son demasiado firmes me producen hilaridad, como el respeto inquebrantable por la vida humana. O me enternecen, como la fidelidad a un equipo de fútbol. Incluso algunas me repatean, como la fidelidad a una bandera.

Cosas veredes.

Dentro



Ni te he visto, ni falta. No obstante, te conozco un rato. Y no me gustó saber cómo habías acabado. Pero tampoco me sorprendió, que es lo más jodido.

Qué listos los amigos, y los familiares, que interpretaron correctamente que necesitabas atención. Qué listos. Necesita llamar nuestra atención, dirían. Bingo, jilipollas. Dásela.

Si hubieras tenido un cáncer bien gordo en la polla, como Dios manda, un buen bulto purulento y vistoso, te hubieran atendido bien. Si alguien te hubiera apuñalado, hubieran estado contigo. Si te hubieran visto pelear con un enemigo se hubieran puesto de tu parte. Pero lo llevabas dentro y resulta que, cuando se le veía, tenía tu careto.

- Y eso no, por Dios. Mi hijo no está loco.
- Guarra. Cerda. Puerca. Marrana. Puta. Cochina. Hija de puta. Y los demás lo mismo.

Crónica acelerada:

Día 1: Intento de suicidio.

Día 2: Nadie me pregunta porqué he intentado suicidarme.

Día 3: Nadie me pregunta porqué he intentado suicidarme.

Día 4: Nadie me pregunta nada.

Día 5: NADIE.

Día 6: Suicidio.

Y una médica irresponsable recetando cajas de pastillas todas las semanas sin mirar que se estaba tomando ocho al día en lugar de una. Y lo único que tenía era una novia esquizofrénica a manta con la que igual discutía sobre quién estaba más zumbado, y con tendencias suicidas. Y un diario donde escribió que nadie le preguntaba. Y la horca que al menos cumplió con lo que de ella se esperaba. Los demás, escurriendo el bulto.

La típica piara de hijoputas, encabezados por la guarra de la madre que cuando pasa esto es la que más culpa tiene y que seguro que en el funeral habrá llorado y todo, la muy hijadeputa, sin que nadie le dé la ensaladera de Wimbeldon hasta arriba de hostias.

Nada nuevo bajo el sol.

Eugenesia YA.

Diario de Guerra - 30/05/06



Virzain es su campeón: está resultando muy batallador. Pero él es el único que parece hoy por hoy a la altura de las circunstancias. Muchos de nuestros enemigos incluso niegan su pertenencia al clan Colmillo Negro, desde el momento en que declaramos la guerra y comenzamos a atacar. No estoy seguro de hasta qué punto han dejado por ello de ser, de hecho, miembros de ese clan, pues en ocasiones atacan a nuestros lobos más jóvenes y débiles con saña. Quizá estemos ante una batalla contra cobardes fantasmas que tengamos que ir trabajosamente localizando y obligando a arrastrarse hasta sus madrigueras.

Pero algo me hace pensar que están agazapados esperando: todos sus "campeones" nos superan ampliamente en niveles; pero no en fuerza, destreza y resistencia, ni en fiereza: todo lo contrario. Si exceptuamos a Bluefrenzy, a quien yo respetaba y conocía mucho antes de su entrada en el clan - y que aún no ha entrado en liza en ésta guerra -, ninguno de ellos ha conseguido una cifra de victorias reseñable, ni ha robado a nuestros hermanos garous (mucho menos a los Talones Rojos) cantidades de oro que puedan compararse con los millones que nosotros hemos saqueado. Como guerreros, estamos a años luz por encima de ellos.

No obstante, muchos de sus señores tienen una enorme capacidad para obtener fondos sin luchar, y no me fío de lo que puedan sacar de sus chorreosas y cursis mangas: aunque sean acomodados y fofos ricachones sin valor en el campo de batalla, el oro puede pesar mucho en una balanza. Por eso tengo que darme prisa y forjar pronto a Aglarond, para encargarme de que otros Talones Rojos puedan forjar sus mandobles. Tendré que evitar que ninguno de ellos pueda juntar el oro suficiente plantarnos cara de repente.

Mi servicio de inteligencia ha confirmado que algunos de ellos usan esclavos lobeznos que trabajan para ellos. No les delataré en el altar, ni moveré de momento un dedo por ello: un sabio nos enseñó que nuestros parásitos son nuestro orgullo.

Les aplastaremos aún así, y quizá consigamos liberar a alguno de esos jóvenes lobos expulsando a sus amos del Primer Reino.

Esta guerra será larga.

Diario de Guerra - 29/05/06



Declaré la guerra en el Primer Reino hace dos días.

Vencidos los dos clanes vampíricos más poderosos de nuestra tierra, los Colmillos Negros, el tercero en liza, se ha fortalecido considerablemente. En gran parte, lo ha hecho gracias al Pacto de No Agresión (PNA) que manteníamos: decenas de vampiros a quienes acosábamos día sí y día también corrieron bajo las faldas de su líder, Athalma, para ampararse en el PNA y que dejásemos de saquearlos.

Mi intención inicial no era declarar la guerra, sino simplemente declarar nulo un pacto que heredé y que carecía de sentido. Pero la brutalmente jubilosa y brutal reacción de mis súbditos, un atajo de bandarras que no saben dejar las garras quietas ni durmiendo, me hizo bajar a la tierra: tras el levantamiento de la prohibición tan sólo podía esperarse que se lanzasen como bestias contra lo único que nos separa de dominar el Primer Reino.

Aglarond, mi Mandoble, aún no está listo: se levantará durante la guerra.

Pero no temo por el curso de la misma: encabezados por Logan, mi Príncipe y heredero, los Talones Rojos se han lanzado a una masacre de Colmillos Negros de enormes proporciones. Y no han hecho, en absoluto, más que empezar; y tan sólo unos pocos de ellos. Logan se ganó la medalla de Flagelo de Colmillo Negro apenas unas horas después de la ruptura de la tregua, tras obtener treinta victorias, y otros le siguen con el más hermoso fervor homicida. No podía tener mejor heredero en esta eterna lucha contra las hordas del Wyrm.

Seguiré informando.

Edam, Hijo de Fenris.
Rey de la Tribu Talones Rojos.